La Historiografía y el paradigma de la Interdependencia Compleja aplicadas al Tardofranquismo

Resulta  chocante que muchos historiadores españoles de las relaciones internacionales busquen estándares europeos en el Tardofranquismo y en la comparación con Portugal, país que hasta 1974, no había sido precisamente un modelo de libertades democráticas, al igual que España.

Franco y Salazar

Franco y Salazar

Tal y como se ha considerado en varias entradas de este blog, es muy difícil para cualquier régimen forjarse y sobrevivir en el vacío internacional. La dictadura franquista no fue ajena a esta realidad y tuvo que adaptarse a la evolución internacional de los tiempos, especialmente a partir de los años cincuenta. Nuestra entrada en la CEE es un triunfo de nuestra democracia, pero sus orígenes históricos no son nada democráticos, puesto que la primera solicitud oficial de relaciones con la CEE se produjo en 1962 en pleno régimen franquista, solicitud que se reiteró dos años después.  Es decir, que los historiadores deben lidiar con el engorroso pasado de un régimen dictatorial que tuvo la desfachatez de pedir su adhesión al club de las democracias europeas. Este atrevimiento supuso una escalada delirante en el proceso de apertura internacional comenzado por el régimen una década antes.

Pese a que la historia tuvo un papel especial entre las disciplinas que inspiraron la primera cátedra de relaciones internacionales en España (Universidad Complutense, 1958), la historiografía tardará unas décadas en sumarse  a las muchas ciencias que se ocupan de las relaciones internacionales, materia que, por su propia definición, es multidisciplinar.

La multidisciplinariedad exige mucho más que una interiorización bienintencionada. Exige que el investigador fiscalice constantemente sus propias conclusiones y métodos, y evalúe si se sostienen. Si no  procede  con las cautelas y los rigores necesarios o, caso de la historiografía española, procede de manera compulsiva y atolondrada, la multidisciplinariedad juega en contra y se producen malentendidos y cortocircuitos conceptuales, paradojas epistemológicas y reducciones intelectuales de todo tipo que dejan en evidencia al investigador. Por este motivo, la línea que separa el rigor de la vulgarización es muy fina.

Estos desatinos y paradojas multidisciplinares  aparecen claramente en el tratamiento internacionalista de la política exterior franquista a manos de la historiografía, quien, con evidente desfase, se ha basado en las tesis de la Interdependencia Compleja.

Si, como enseguida veremos, se utiliza la teoría de la interdependencia compleja, o transnacionalismo, para estudiar la política exterior de la segunda parte del franquismo, se está admitiendo, por omisión,  cierta  interpretación  de la primera mitad del franquismo desde el paradigma realista. Y esto es como aceptar que hay dos franquismos distintos, lo que equivale a perder de vista los elementos de continuidad de la dictadura, hasta el punto de que casi parecen dos regímenes distintos, que es como decir   un franquismo hispano y otro europeo.

Y de hecho ese ‘Estado campamental’ que es la España franquista de la posguerra, con su énfasis en la seguridad nacional y el cierre de filas en medio de un entorno nacional hostil, la continua reafirmación nacionalista o el recuerdo del pasado imperial,  aparentaría invocar una aproximación realista,  si no fuera porque esto equivaldría  a caer de lleno en la trampa de la retórica internacional de la propia dictadura: “la Guerra Civil como enfrentamiento pionero y anunciador de la lucha contra el comunismo” o ”Franco como centinela de Occidente”. Conclusiones excesivas para la europeísta escuela española de relaciones internacionales.

En efecto, la historiografía de las relaciones internacionales acepta implícitamente el análisis realista de la política exterior de la dictadura franquista al menos hasta los primeros cincuenta porque comparte explícitamente el paradigma de la interdependencia compleja para el franquismo posterior. Las apariencias, las resonancias y las evocaciones de similitudes vuelven a andar por sus fueros. Si la alta política lo intentó, pero no lo consiguió, en el primer franquismo, en la segunda parte del régimen las low politics, como muestra el énfasis tecnocrático en conseguir acuerdos bilaterales de colaboración comercial y de cualquier otro tipo, llevan a la dictadura tanto a un gobierno multinivel como  a su reconocimiento internacional pleno. Además, el segundo franquismo coincide con un consenso pasivo del régimen entre la población, que además avanza en sus comportamientos europeos. Estos dos factores traen a la mente la distensión en la que los internacionalistas contextualizan la aparición del paradigma transnacional.

De hecho, tal es la importancia de los referidos niveles de gobierno, que la historiografía llegará a separar  uno de estos,  la política exterior del régimen, y a dotarlo de la autonomía necesaria como para desvincularlo del propio régimen. En efecto, las líneas que marcó Castiella, ministro de exteriores, son aceptadas por muchos historiadores  como las líneas maestras de la política exterior española. Las mismas que habrían tenido continuidad durante la época democrática. Y lo aceptan sin más. Sin preguntarse hasta qué punto (mucho) esas low politics tecnocráticas no formaban parte del ideario neotradicionalista iniciado por Ramiro de Maeztu y Acción Española o que posibilidades les brindaba esa política internacional para la institucionalización del régimen en medio del reconocimiento de facto del régimen en una tupida red de acuerdos bilaterales. A nadie se le escapa que estos motivos son tan cercanos a los franquistas como lejanos a la España democrática.

En  realidad, los especialistas de las relaciones internacionales, y en particular los historiadores,  otorgan mucha importancia a la continuidad. Tanta que la llaman política de Estado o visión de Estado. No es casualidad que el departamento que se ocupa de las relaciones exteriores de los Estados Unidos se llame Departamento de Estado. Pero no es con los norteamericanos con quienes los historiadores comparan a la España de Franco, sino con Portugal.

Portugal, al igual que España, tuvo una larga dictadura durante el siglo XX.  Se llamó el Estado Novo, en ese lenguaje parafascista que hacía furor en la época. Además, duró oficialmente desde 1933 hasta 1974, esto es, varios años más que la dictadura española. Sin embargo, pese a una política interior tan traumática como la española, las relaciones exteriores portuguesas siguieron una  línea de continuidad que apenas se rompió durante los períodos monárquico (hasta 1910), republicano-dictatorial (1933-1974)  y republicano-democrático (post-Claveles, 1974).

De hecho, la dictadura portuguesa no impidió  la admisión de nuestro vecino en los albores de la OTAN. Portugal fue un miembro fundador de la OTAN  en 1949. Y esto no sólo se debió a que su posición  geoestratégica en la fachada atlántica cobrara valor extra en el contexto bipolar, sino también, como recalcan nuestros historiadores, a que no había abandonado sus tradicionales vínculos con el Reino Unido  y, ya en el terreno de las low politics,  al carácter tecnocrático de su autócrata, António de Oliveira Salazar, un aburrido profesor de economía.

La aplicación de la historiografía española  del paradigma de la Interdepndencia Compleja (explícita) y del paradigma realista (por omisión)  revela hasta qué punto los especialistas en la sociedad internacional, es decir, los teóricamente más preparados para ello, se muestran incapaces de explicar el franquismo como algo más que una esencia hispana, entendiendo esto como lo no-europeo o lo contrario a lo europeo, es decir, como una anomalía disfuncional en esa historia normalizada y europea que se comentó en el anterior post.

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Un pensamiento en “La Historiografía y el paradigma de la Interdependencia Compleja aplicadas al Tardofranquismo

  1. En relación al post publicado el 19 de junio quisiera hacer algunos comentarios.

    No estoy de acuerdo en que la entrada de españa a la cee fuera un triunfo de nuestra democracia, puesto que no existía tal sistema de poder -en esos momentos- sino de nuestros tecnócratas gobernantes que vislumbraron que, como tu comentas, sería seriamente dificultoso sobrevivir en un vacío internacional. Te recuerdo que el gobierno del dictador era autoritario aunque no tonto.

    Por otro lado, el regímen dictatorial contó, en este caso, con la permisividad del entorno internacional que, de modo interesado -también en este caso- aceptó nuestra entrada en la CEE y de los que subyacieron en su momento los firmados acuerdos comerciales aduaneros preferenciales; a esto lo llamo yo, interdependencia compleja internacional real.

    Por último, y en mi opinión, no resulta un acierto en el estudio de los hechos históricos, la standarización de los mismos, ya que creo que suponen una visión simplista de los mismos además de una mala, empleando tu terminología, interiorización de los hechos.

    me gustaría solicitarte si fuera posible para próximos post dieras tu particular visión de varios temas de mi interés.
    el manejo del régimen de franco ante el conflicto mundial y otro, como desequilibrio dinámico de actualidad, como es la primavera árabe.

    gracias por enseñarme.
    de un humilde pupilo.
    XIMO.

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